El 24 de abril de 2013, una fábrica gigante que producía ropa en Daka, Bangladesh, se derrumbó debido a las condiciones estructurales extremadamente deficientes del edificio y la gran multitud de trabajadores que se encontraban en él. Más de 1100 personas murieron y casi 2400 resultaron heridas. A pesar de la aparición de grietas unas semanas antes de la catástrofe, no se tomaron las medidas necesarias.

Malas condiciones de trabajo y preocupaciones medioambientales

El desastre en la fábrica de Rana Plaza de Bangladesh es solo un caso de los pocos que acaban apareciendo en los medios de comunicación. Los incendios en fábricas textiles son mucho más frecuentes de lo que imaginamos. Esto es debido al uso de materiales inflamables y la falta de medidas de seguridad para sus trabajadores. Entre ellas, la ausencia de protección contra los gases tóxicos y el riesgo de sordera.

A pesar del peligro que representa el lugar de trabajo para muchos empleados, no se han llevado a cabo grandes medidas de mejora en los últimos años. Además, cada vez que los trabajadores deciden ponerse en huelga, se enfrentan a la represión de sus jefes. Y si finalmente consiguen convocarla, existe un altísimo riesgo de perder su empleo debido a la ausencia de derechos laborales y de sindicatos que apoyen la causa.

Después de este escándalo en Bangladesh, algunas empresas textiles internacionales han reaccionado a las grandes presiones sociales, políticas y económicas para que produzcan de forma más sostenible trasladando parte de las fábricas a países occidentales. 

El desafío no acaba ahí. En países como Bulgaria, se han denunciado las condiciones de trabajo en fábricas textiles, en las que se reciben sueldos bajos y un control casi robótico del trabajo diario. 

La industria de la moda es una de las más globalizadas y contaminantes del planeta. En 2015, por ejemplo, la industria de la moda produjo la friolera de 15,2 billones de toneladas de CO2. Además, los productos químicos que se utilizan para procesar el algodón y otras fibras, terminan a menudo contaminando el medioambiente. Y por si no lo sabíais, se necesitan 2720 litros de agua para hacer una camiseta, que es lo que normalmente bebe una persona en 3 años. Es una verdad incómoda para quienes aman la moda y para quienes obtienen ganancias de ella, y una gran preocupación para quienes están comprometidos con el concepto de moda sostenible. 

La revolución de la moda – Fashion Revolution

La historia sobre la fábrica de Bangladesh que se derrumbó fue noticia a nivel mundial y destapó los enormes problemas que acarrea el consumo constante de moda rápida. Desencadenó una «revolución de la moda» por los llamados «manifestantes pro-moda». Carry Somers, la diseñadora de moda británica y fuerza impulsora detrás del movimiento Fashion Revolution, no podía soportar más esta situación. Había que hacer algo. Fue entonces cuando declaró el 24 de abril como Día de la revolución de la moda o Fashion Revolution Day, promoviendo una industria de la moda más ética, así como revisando los logros y objetivos del movimiento anualmente.

El movimiento Fashion Revolution no ha sido creado por unos consumidores contrarios a la industria, sino que pretende ser una revolución interna. El objetivo que persigue es involucrar tanto a consumidores como a trabajadores de este sector para que todos seamos más conscientes del impacto medioambiental que tiene la ropa que compramos. 

Los activistas pro-moda utilizan un enfoque basado en soluciones, centrándose en la investigación y la creatividad en lugar de la victimización o el boicot. Los dos ejes que coordinan esta revolución desde el Reino Unido son el caritativo, de la mano de la Fashion Revolution Foundation, y la empresa social sin ánimo de lucro, Fashion Revolution CIC. Las oficinas de la Fashion Revolution de cada país participante ponen en marcha las actividades nacionales en estrecha colaboración con el equipo de Coordinación Global. De esta forma, cada Coordinador Nacional toma en consideración un gran número de iniciativas y, en cooperación con las partes interesadas nacionales y muchos otros voluntarios que apoyan la semana de la revolución de la moda, maximizan el impacto de la estrategia regional y global. 

Hasta ahora, la campaña #whomademyclothes (#quienhizomiropa) ha tenido un gran éxito. En 2018, 3838 marcas y minoristas compartieron información sobre sus proveedores e imágenes de sus trabajadores con el hashtag #imadeyourclothes (#yohiceturopa) a través de las redes sociales. Además, la Revolución de la Moda ha logrado involucrar a 275 millones de personas en todo el mundo, tanto a través de las redes sociales como en eventos. Numerosos influencers y celebridades se han unido al movimiento para compartir sus puntos de vista.

#whomademyclothes

A medida que los consumidores son más conscientes del impacto humano y medioambiental de la moda, la demanda de ropa sostenible crece. Marcas, fabricantes, minoristas, medios de comunicación, escuelas y otros actores se están uniendo a la causa a través de la educación, la investigación y diferentes tipos de campañas. El objetivo es alcanzar un equilibrio entre los beneficios económicos, unas condiciones de trabajo justas y unos métodos de producción sostenibles. 

Durante la Semana de la Moda anual, se anima a los consumidores a pedir transparencia en los procesos de fabricación a sus marcas de moda preferidas, etiquetándolas en publicaciones en redes sociales con el hashtag #whomademyclothes o #quienhizomiropa. Los fabricantes y minoristas deben responder con información concreta y precisa, utilizando el hashtag #imadeyourclothes. 

Incluso algunos Youtubers inspirados por este movimiento han empezado su propia tendencia. Bajo el hashtag #haulternative, presentan sus últimas adquisiciones de ropa de segunda mano, reutilizadas o compradas a una marca sostenible.

Marcas y colecciones sostenibles

En respuesta al impacto negativo que representa la moda “rápida”, están surgiendo nuevas marcas sostenibles. Su ciclo de producción funciona de la siguiente forma: se lanza una nueva colección, se vende toda la ropa, y sólo entonces se desarrolla y produce una nueva colección en función de la demanda. Este ciclo de producción disminuye el número de prendas sin vender y añade un toque de exclusividad a la marca; sólo ciertos clientes usarán su ropa gracias a la estrategia de lanzar ediciones limitadas.

Sostenibilidad engañosa

Mientras que algunas empresas hacen mejoras genuinas en sus métodos de fabricación, otras tratan de aprovechar el nuevo interés en los productos sostenibles. ¿Cómo? Algunas marcas, piden a sus consumidores que traigan su ropa vieja a cambio de un descuento en su próxima compra. Una genialidad, ¿verdad? La ropa usada y demás textiles se recogen y se utilizan para la producción de ropa nueva. No hay necesidad de fabricar nuevos materiales, ya que estos se pueden tomar de tu jersey, sábanas o vaqueros usados. Esto debería significar una reducción de recursos y la reutilización del material ya en uso para ser vendido una vez más a los clientes en forma de innovadoras colecciones. 

Si bien esto suena muy bien, no resuelve el problema de un mercado de la moda desbordado. Gran parte de esta ropa que desechamos para reciclar nunca llega a ser reutilizada. Si comprobamos la etiqueta de estas nuevas colecciones que son presumiblemente sostenibles, ¿están hechas enteramente de ropa reciclada?,  ¿muestran el porcentaje de material orgánico empleado? ¿Está mezclado con otros materiales?

En realidad, la llamada reutilización de la ropa usada es en algunas ocasiones un ejemplo de «eco-blanqueo» o greenwashing de la industria de la moda. Esto sucede cuando las empresas pretenden ser sostenibles y mostrar su preocupación por el medio ambiente con el único objetivo de aumentar sus ventas.  El descuento que recibes en algunas tiendas cuando entregas ropa usada, por ejemplo, es un incentivo destinado a fidelizarte como cliente y conseguir que vuelvas para comprar en su tienda.

Cómo cambiar el ritmo de la moda

Todos somos conscientes del impacto que la moda tiene en la vida de las personas y en el medioambiente. Entonces, ¿cómo podemos marcar la diferencia? Estos son algunos pasos simples y eficaces (Consciencia, Consecuencia y Cambio) para ayudarte a adoptar un consumo de moda sostenible, sin renunciar a las últimas tendencias.  

Comienza con tu armario – Sé consciente:

  • 1. Vacía el armario. Sí, sácalo todo. 
  • 2. Comienza con la temporada actual. Pruébate toda la ropa y valora qué tal te sientan las diferentes prendas.
  • 3. Comprueba el «made in…» de la etiqueta de tu ropa.
  • 4. ¿Cuántas prendas han sido fabricadas en países occidentales? ¿Y en países en vías de desarrollo?

Al comprar – Sé consecuente:

  • 1. Comprueba la etiqueta. ¿Dónde han sido fabricadas?
  • 2. ¿Se fabricaron en países en vías de desarrollo?
  • 3. Consulta las tiendas online de tus marcas favoritas. ¿Tienen una colección sostenible hecha de material reciclado o biológico? Y los productos ¿se fabrican en condiciones laborales justas para sus trabajadores? 
  • 4. Lleva siempre contigo la lista de la compra y tu propia bolsa. 
  • 5. Compra solo lo que realmente necesitas y apuesta por prendas atemporales que sabes que acabarás utilizando durante mucho tiempo.

Encontrar una alternativa – Cambia:

  • 1. La concienciación es clave: aprende más sobre quién hizo tu ropa.
  • 2. Consume conscientemente: aplica las cuatro erres (rechazar, reducir, reutilizar y reciclar) antes de comprar prendas nuevas.
  • 3. Compra de segunda mano: utilizar prendas que ya se encuentran en el mercado disminuye la demanda de nuevos artículos e impide que ropa en buen estado termine en vertederos.
  • 4. Elije marcas justas y sostenibles.

Si deseas profundizar en tus conocimientos en estos aspectos y convertirte en un verdadero revolucionario de moda, consulta la guía de la Revolución de la Moda.

El mundo necesita a más revolucionarios de la moda como tú. Sé curioso. Descubre. Y actúa.

¿Quieres aprender más sobre cómo disminuir tu huella medioambiental? Echa un vistazo a los artículos sobre el Movimiento Cero Residuos” y la “Guía de la ONU para perezosos que quieren salvar el mundo”.