Recientemente, el gobierno húngaro anunció que las mujeres que tenían cuatro o más hijos ya no tendrían que pagar impuestos sobre la renta.  Esta medida es la última de una serie de esfuerzos para detener el declive de las tasas de población.  Hungría no es el único país que lucha contra una población en descenso, un fenómeno presente en la mayor parte de los países.  ¿Qué están haciendo el resto de países para contrarrestar la disminución de la población?  ¿Funcionan este tipo de medidas?  Y, ¿es la disminución de la población es realmente un problema?

Medidas natalistas; una breve historia

Hacia finales de la década de 1960 se esperaba que la población de la Tierra alcanzaría los 16 mil millones en 2050. Sin embargo, hoy en día se espera que la población mundial sea de alrededor de 9 mil millones para entonces.  Dado que la tasa de natalidad de muchos países ha caído en las últimas décadas, este descenso ha sido considerado como una buena noticia.  Estaba ampliamente aceptado que el bienestar de los países y las familias estaba amenazado por tener muchos hijos.

Sin embargo, cuando las tasas de natalidad comenzaron a disminuir, se esperaba que se detuvieran en 2 hijos por mujer, manteniendo así los niveles de población.  En cambio, en muchos países, han seguido disminuyendo. En los Estados Unidos, por ejemplo, la tasa era de 1,8 hijos por mujer en 2016, y en Canadá era de 1,6 por mujer. En Europa, las mujeres tienen 1,6 hijos en general, con Francia (1,92) con la tasa más alta y España e Italia con la más baja (1,34). Singapur tiene una tasa de natalidad extremadamente baja, con solo 1,14 hijos por mujer.

Sin embargo, esto no significa que la población de la Tierra se esté reduciendo.  De hecho, en 2016, la tasa de natalidad promedio para todas las mujeres en el mundo fue de 2,46 niños, lo que significa que la población de la Tierra sigue creciendo.  Esta alta tasa de natalidad es en gran parte causada por las altas tasas de natalidad en el África subsahariana, de 4,85 hijos por mujer.  Si bien esta sigue siendo muy alta, representa una gran diferencia con respecto a 1960, cuando la tasa de natalidad era de 6,65 hijos por mujer.

Para los países que han visto caer las tasas de natalidad por debajo de 2 hijos por mujer, esto supone un nuevo foco de problemas.  A medida que las poblaciones se reducen, los gobiernos temen que esto cause estancamiento económico debido a una pérdida de productividad. Además, una disminución en los ingresos fiscales puede causar problemas en la financiación de los programas de jubilación y atención médica.

El enfoque anti-migratorio de Hungría

Si bien la mayoría de los países europeos están compensando la disminución del crecimiento de su población aceptando inmigrantes, Hungría se opone firmemente a esa solución.  En su lugar, está tratando de aumentar su tasa de natalidad. ¿Cómo? Actualmente, las mujeres húngaras tienen un promedio de 1,45 hijos, lo que no es suficiente para mantener el tamaño de la población.  Además, ahora que Hungría es parte de la Unión Europea (UE), los húngaros tienen libertad para trabajar en otros países, y muchos se han ido a países de la UE donde los salarios son más altos. La disminución de la tasa de natalidad y el aumento de la emigración provocan una disminución de la población y un aumento de la escasez de mano de obra.

En febrero de 2019, Hungría anunció un nuevo conjunto de medidas para contrarrestar la baja tasa de natalidad de los húngaros. El enfoque húngaro consiste en reducir el coste de la vida para las familias grandes.  Se reducirá el interés en las hipotecas y los pagos de automóviles para las familias, y será más fácil para ellas obtener préstamos.  Se aumentará el número de guarderías para ayudar a las madres con la conciliación familiar.  También proponen beneficios para los abuelos.  Ahora se les permite compartir la licencia de maternidad con sus hijas. Pero lo más importante, y también lo más polémico, las mujeres húngaras con cuatro o más hijos ya no pagarán el impuesto sobre la renta.

En un discurso para anunciar estas nuevas medidas, el presidente de Hungría, Victor Orbán, dijo que Hungría «vive en tiempos en que cada vez nacen menos niños en toda Europa».  Mientras que otros países europeos responden a este nuevo desafío con la inmigración, «los húngaros ven esta situación desde una perspectiva distinta».  Según Orbán, Hungría no necesita números, sino más niños húngaros.  Además, Orbán dijo que depender de la migración para mantener el tamaño actual de la población sería rendirse y no quiere que el «color de los húngaros se mezcle con los de otros».

Estas no son las primeras medidas que Hungría ha tomado para salvarse de los peligros de una población en declive.  También ha otorgado becas universitarias a aquellos húngaros que prometieran permanecer en Hungría después de graduarse y ha ofrecido la ciudadanía a los húngaros que viven fuera de Hungría para motivarlos a volver.  Además, recientemente Hungría ha aprobado una ley que aumenta la cantidad de horas extraordinarias que las empresas pueden solicitar a sus trabajadores para compensar la importante escasez de personal.  La ley, que ahora se llama «ley de esclavos» y que ha sido ampliamente criticada, dicta que ahora es posible pedir a los empleados que trabajen hasta 400 horas extras al año.

La ironía de las medidas de control de natalidad en China

Solo unos pocos años después de acabar con las políticas para limitar el número de hijos que tenían los ciudadanos chinos desde 1979, el gobierno chino está actualmente instando a las mujeres a tener más hijos. A medida que la tasa de natalidad del país se ha ido desplomando, se estima que China podría perder una fuerza de trabajo equivalente a 100 millones de personas entre 2020 y 2035, y otros 100 millones entre 2035 y 2050.

En 1979 se introdujo por primera vez la famosa ley del hijo único en China.  La ley encontró mucha resistencia, especialmente en las zonas rurales.  En 1984 se permitió a las familias de estas zonas cuyo primer hijo fuese una niña tener un segundo hijo, y también se hicieron algunas excepciones para las minorías.  En 2013, los padres que solo tuvieran un hijo podían tener un segundo.  En 2016 se eliminó por completo la prohibición.

Si bien se podría esperar que la tasa de natalidad aumentara rápidamente después del levantamiento de la prohibición, décadas de política del hijo único ahora están mostrando sus implicaciones.  Por un lado, estas restricciones llevaron a un equilibrio desigual de género, ya que la preferencia tradicional por los niños varones llevó a abortos ilegales de fetos femeninos.  Irónicamente, la menor proporción de mujeres es ahora una de las razones de la baja tasa de natalidad en China.  Simplemente hay menos mujeres para casarse y tener hijos.  Además, como generaciones enteras han crecido como hijos únicos, muchos chinos consideran normal tener un solo hijo.  Está siendo difícil cambiar esta mentalidad.  Además, mientras que el coste de la educación y la vivienda ha aumentado, los adultos chinos suelen ser las únicas personas que pueden cuidar de sus padres, lo que genera una presión económica y social adicional para las familias jóvenes.  Y a medida que surge una nueva generación de mujeres trabajadoras independientes, la tasa de divorcio también aumenta.

China está tomando medidas para detener la caída de la tasa de natalidad.  En 2018, se propusieron leyes para otorgar exenciones fiscales a las familias jóvenes y subsidios para vivienda y educación. Algunas regiones como la provincia de Jiangxi incluso están endureciendo las leyes para el aborto y dificultan el divorcio.  Esto acarrea el riesgo de que China caiga de un extremo (no permitir que las familias tengan más de uno o dos hijos) al otro.

Enfoques más creativos

Mientras que algunos países toman medidas tradicionales para aumentar las tasas de natalidad, otros adoptan un enfoque más creativo.  En Georgia, por ejemplo, todos los hombres y mujeres solteros, incluidos aquellos que están divorciados o que han perdido un cónyuge, ingresan en una página web nacional de citas.

Dinamarca adoptó un enfoque específicamente creativo.  En 2014, lanzó una campaña publicitaria que instaba a los daneses a «hacerlo por Dinamarca«. Las personas pueden reservar unas vacaciones usando un «descuento de ovulación».  Si pudieran probar que concibieron un hijo en vacaciones, ganarían tres años de productos para bebé y unas vacaciones para toda la familia.  En 2015, los futuros abuelos podrían incluso comprar vacaciones para sus hijos adultos con la esperanza de que concibieran un hijo durante las vacaciones.

Otro ejemplo es Singapur, que tiene una tasa de natalidad sorprendentemente baja de solo 1,14 hijos por mujer.  En 2012, las autoridades de Singapur trabajaron con Mentos con el fin de organizar la «Noche Nacional» para alentar a las parejas a dejar que su «patriotismo» explotara.  Se hizo incluso un rap: «la población de Singapur, necesita que aumente.  Así que, olvídate de ondear banderas, el 9 de agosto nos volveremos locos … Soy un esposo patriótico, tú eres mi esposa patriótica, hagamos nuestro deber cívico y fabriquemos vida«.

Rusia experimentó una fuerte disminución de la población después de la caída de la Unión Soviética.  En 2007 decidió hacer algo al respecto.  Declaró el 12 de septiembre como el Día Nacional de la Concepción y otorgó premios tales como refrigeradores, dinero y autos a mujeres que tuvieran un bebé exactamente nueve meses después del día nacional de Rusia, el 12 de junio.  La medida parece haber funcionado.  Mientras que la tasa de natalidad fue de 1,2 en 2000, en 2012 fue de 1,7.

Rumanía: un enfoque más duro

Rumanía adoptó un enfoque menos alegre en los años sesenta.  En lugar de ofrecer beneficios a las familias, Rumania optó por multar a los hombres o mujeres mayores de 25 años que no tuvieran hijos.  Este impuesto era independiente del estado civil y podía ascender hasta el 20 por ciento de sus ingresos.  Además, se hizo prácticamente imposible divorciarse, la policía estuvo activa en los hospitales para asegurarse de que no se realizaran abortos ilegales y se detuvo la importación de anticonceptivos.  Si bien estas medidas fueron efectivas, el efecto se perdió tan pronto como la policía abandonó los hospitales.

En los años 80, se tomaron medidas aún más estrictas durante el régimen de Nicolae Ceausescu.  Las mujeres fueron sometidas a exámenes ginecológicos mensuales para detectar embarazos y asegurar que llegasen a término.  Las «unidades de comando demográfico» interrogarían a las personas y parejas sin hijos sobre sus vidas sexuales, y el acceso al aborto se hizo aún más difícil.  Para tener acceso a un aborto, una mujer tenía que haber tenido cinco hijos que todavía estuvieran bajo su cuidado, o tenía que ser mayor de 45 años.

¿Las medidas de fertilidad realmente funcionan?

Si bien muchos países están tomando medidas para aumentar la tasa de natalidad de su población, el éxito de tales medidas a menudo no está claro.  Hasta la fecha, parece que el apoyo financiero o las vacaciones pagadas tienen un impacto positivo, pero limitado, en las tasas de natalidad.  La evidencia sugiere que la medida más efectiva que pueden tomar los gobiernos es brindar servicios de cuidado infantil de calidad.

Suecia ha tenido bastante éxito en sus medidas para aumentar la fertilidad. Aquí, las mujeres reciben mucho apoyo para ayudarlas a conciliar sus vidas como madres y como trabajadoras.  Por ejemplo, las guarderías están subvencionadas, y los padres que cuidan de sus hijos tienen garantizado su trabajo cuando regresen de la baja por paternidad.

En Francia, las familias reciben exenciones fiscales, sustanciosas ayudas económicas, asistencia social y subsidios de vivienda.  Los padres pueden tomar hasta tres años de permiso de paternidad, obtener durante ese tiempo un permiso de permanencia en el hogar por aproximadamente el 50% del salario mínimo y luego regresar a sus empleos en la misma posición.  El enfoque francés y sueco parece estar funcionando, ya que estos países tienen las dos tasas de natalidad más altas de la UE (1,92 y 1,85 niños por mujer, respectivamente).

Sin embargo, medidas bastante similares han sido mucho menos exitosas en Alemania y Austria, donde las familias disfrutan de un aumento de la licencia familiar y reciben subsidios generales para niños durante tres o cuatro años después de la llegada de un nuevo bebé.  En lugar de aumentar las tasas de natalidad, estas medidas afectaron principalmente al momento de la maternidad.  Además, mientras que en Canadá se descubrió que un aumento en la asignación infantil de 1000 dólares canadienses al año llevaba a un aumento de la tasa de natalidad del 17%, este aumento era solo temporal y fue mas tarde compensado por un nuevo descenso.

Singapur, con una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo, ha desarrollado las políticas pro natalidad más completas de Asia.  A través de pagos en efectivo, planes de ahorro compartido, descuentos impositivos para madres trabajadoras, seguros para niños y subsidios de vivienda, las familias con dos hijos ahora pueden disfrutar de beneficios de alrededor de un total de 118,000 dolares americanos durante los 13 primeros años de vida de ambos niños. Además, los permisos de maternidad y paternidad han aumentado considerablemente, y el cuidado de niños está subvencionado.  Pero, de alguna manera, estas políticas no han tenido el efecto deseado.  En el año 2000, al inicio de las políticas de natalidad de Singapur, la tasa de natalidad era de 1,6 hijos por mujer.  En el 2018, solo de 1,14.

¿Qué hace que las medidas de fertilidad sean exitosas?

Determinar el éxito de las medidas de natalidad es extremadamente difícil debido a los muchos factores que influyen en la decisión de tener hijos.  Algunos ejemplos son la percepción de la maternidad y los roles de género.  En muchos países europeos, por ejemplo, en las últimas décadas, se ha presionado a las mujeres a combinar la maternidad con el trabajo.  El estatus de la mujer está cada vez más basado en su empleo y su éxito en «tenerlo todo».  Ahora se ha demostrado que es muy difícil convencer a las mujeres del valor y el estatus de la maternidad.

Otro factor es la percepción de prosperidad y pobreza de las personas.  Si bien las familias en Singapur están mucho mejor que hace unas pocas décadas, muchos singapurenses sienten que no lo están.  Esto les lleva a retrasar la paternidad e incluso optar por no tener hijos.

Tal vez, deberíamos reconsiderar el enfoque de las políticas de natalidad para dar a las familias opciones para que tomen sus propias decisiones.  Quizás deberíamos juzgar las políticas familiares por su éxito en hacer felices a las familias.  Después de todo, tener opciones para tener una gran familia es genial. Estar forzado a tener una gran familia no lo es.

¿La caída de las tasas de natalidad es realmente un problema?

Mientras muchos países en el mundo luchan contra la disminución de las tasas de natalidad, tal vez deberíamos preguntarnos si esto es realmente un problema.  Con el crecimiento de la presión ecológica y ambiental, el envejecimiento de la población y los patrones de migración, ¿es una población en crecimiento lo que realmente necesitamos?

Un argumento frecuente para explicar por qué la disminución de las tasas de natalidad es un problema es que necesitamos una gran población trabajadora para compensar el envejecimiento de la misma.  Después de todo, una fuerza laboral más pequeña significa menos contribuciones a la jubilación y los fondos sociales.  Sin embargo, aumentar el número de niños no ayudará a cuidar a una población que envejece. Se tardará aproximadamente 25 años para que estos niños crezcan y entren en la fuerza de trabajo.  Para entonces, la demografía habrá cambiado y el tamaño de la generación anterior será menor. Además, tener más hijos aumentará de inmediato el número de dependientes (niños y personas de la tercera edad), que dependen de la población trabajadora, lo que aumentará la carga familiar de la población activa actual.

Además, la tradicional idea de la necesidad de grandes poblaciones se basa en épocas anteriores en las que la salud pública era menos avanzada y los hombres jóvenes corrían el riesgo de ser reclutados para guerras sangrientas y costosas.  Hoy en día, tanto los niños como los adultos tienen muchas menos probabilidades de enfermar gravemente o morir antes de envejecer, y las guerras arrebatan menos vidas humanas.  Todo esto significa que, mientras que el número de bebés recién nacidos disminuye, la población adulta aumenta.

Otro argumento que se escucha a menudo es que cuando la población se hace más pequeña, también lo hace la productividad económica y, con ello, nuestro bienestar.  Sin embargo, debido a la inteligencia artificial, las grandes poblaciones trabajadoras ya no son esenciales para ser económicamente productivas.  Debido al importante papel que la tecnología tiene ahora en la producción, las economías futuras aún podrán ser productivas, incluso con poblaciones trabajadoras más pequeñas.  Además, a medida que la población disminuya, habrá más recursos por persona, lo que significa que el bienestar económico aumentará.

Asimismo, a medida que se intensifiquen los patrones de migración, las nuevas afluencias de migrantes pueden ayudar a resolver la escasez de mano de obra.  Como los migrantes a menudo tienen tasas de fertilidad más altas, esto podría incluso ayudar a aumentar las tasas de natalidad.

Finalmente, como nuestra huella ambiental y la población mundial siguen aumentando, la supervivencia de la raza humana podría depender de detener el aumento de la población. Es un hecho bien establecido que los humanos están causando el cambio climático y agotando los recursos de la Tierra. Existe un riesgo real de que, si no cambiamos, la naturaleza lo haga por nosotros.

De hecho, estar libre de niños es la forma más efectiva de disminuir nuestra huella ambiental.  Como las personas en los países desarrollados tienen una huella ecológica particularmente alta, deberíamos considerar si es realmente tan malo que las tasas de fertilidad esten disminuyendo.

Este artículo ha sido traducido por Carlos Moreno Ginés.