Nota del autor: este artículo realiza una aproximación al concepto de la corrección política desde un punto de vista occidental. ¿Tienes una perspectiva distinta? Háznoslo saber.


En diciembre de 2015, el entonces candidato a presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió el “cierre total y completo a la entrada de musulmanes a los Estados Unidos”. Continuó diciendo a la multitud que lo vitoreaba que su declaración era “muy, muy importante, muy importante y probablemente no políticamente correcta”.  El hecho de que Trump denunciara el llamado a la corrección política solo pareció alentar a su animada audiencia.

 Ésta es una queja común entre los conservadores:  “Hoy en día ya no se puede decir nada.  Digas lo que digas, alguien se sentirá ofendido”. Cada vez más personas parecen oponerse a la presión de ser “políticamente correctas”, lo que significa que deben mantenerse alejados del lenguaje que pueda considerarse insultante y controvertido. Con el tiempo, ser llamado “políticamente correcto” casi se ha convertido en una broma o en un insulto, especialmente utilizado por los conservadores para describir a “milenials sensibles” y liberales.  Irónicamente, este término ahora puede significar tanto políticamente sabio como hipersensibilidad y cobardía.

Por qué la corrección política no era un problema antes

El término “corrección política” se escuchó por primera vez en los años 70, y desde entonces ha encontrado detractores. Seguramente quienes se quejan tienen algo de razón. Hubo un tiempo en el que no tenían que preocuparse por si estaban o no siendo políticamente correctos y simplemente podían decir lo que quisieran. Por supuesto, esto solo sucedía si pertenecían al grupo dominante y privilegiado de la sociedad, como ha sido el caso de la supremacía en occidente del hombre blanco durante décadas. El poder y los privilegios les permitieron decir y hacer lo que quisieran, sin considerar el impacto de sus palabras en diferentes situaciones y sin ser desafiados por ello.

Pero los tiempos han cambiado, y los poderes se han desplazado. En las sociedades occidentales, grupos discriminados como mujeres, inmigrantes, comunidades LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales) y minorías raciales se han ganado el derecho a existir en el espacio público y expresar sus opiniones. Si bien este progreso ha sido lento y la mayoría de los grupos aún no gozan de los mismos derechos, algunos de los privilegios de los grupos dominantes han sido eliminados. Esto significa que actualmente se toma más en serio a los miembros de estos grupos, y que ya no es aceptable decir cosas que discriminen y nieguen a otros sus derechos fundamentales. En resumen, la intolerancia hacia los demás, como la misoginia, el racismo y el fanatismo, es ahora mucho menos aceptable.

Por qué lo necesitamos ahora

Si bien formas obvias de racismo, misoginia e intolerancia están virtualmente erradicadas en las sociedades occidentales, las sutiles e institucionalizadas todavía están muy presentes. Parte del problema es que los estereotipos y los prejuicios persisten y se propagan a través de los mensajes que escuchamos, vemos y leemos.

Ser políticamente correcto es importante porque el lenguaje que usamos influye en cómo vemos el mundo, un concepto llamado relatividad lingüística.  Por ejemplo, un estudio mostró que los anglófonos son mucho más propensos a recordar quién hizo algo mal (como romper un huevo) en un vídeo que los nipones. Esto es debido a las diferentes direcciones de la culpa en los idiomas inglés y japonés. Para ilustrarlo, mientras que los anglófonos dirían que “John rompió el jarrón”, un nipón diría que “el jarrón se rompió”.  Otro estudio demostró que los niños de habla hebrea eran conscientes de sus propios géneros un año antes que los niños de habla finlandesa. En hebreo, los marcadores de género están muy presentes, mientras que el finlandés no marca el género en absoluto.

Sabiendo esto, imagina el impacto que el uso cotidiano del lenguaje hace a nuestra imagen del mundo que nos rodea. Cuando llamamos mariquitas a los niños por no coincidir con los estereotipos de género, básicamente decimos que no está bien tener un lado femenino. Y cuando etiquetamos las cosas que no nos gustan como “para homosexuales”, consciente o inconscientemente hacemos que parezca que ser gay sea incorrecto.  Especialmente cuando los lenguajes políticamente incorrectos son utilizados por figuras conocidas, tienen un gran impacto. Cuando el presidente Trump aparece en la televisión nacional y anuncia que se debe prohibir a los musulmanes entrar en los Estados Unidos, esto implica que los musulmanes son peligrosos.  O cuando dice que le gusta “agarrar a las mujeres por el coño”, esto implica que está bien atacar sexualmente a las mujeres. Cuando estos mensajes se repiten con suficiente frecuencia, estas nociones se infiltran en la mente del público, contribuyendo así a la proliferación del racismo, la intolerancia y la misoginia.

Algo para reflexionar

Si bien un argumento que se escucha a menudo es que la corrección política es una limitación de la libertad de expresión, en realidad no es cierto.  La libertad de expresión es un derecho humano fundamental, y este nunca debe ser limitado.  En realidad, todo el mundo puede decir lo que piensa.  Sin embargo, si una opinión no está formada o es insultante para los demás, no va a librarse de ser criticada.  La verdad es que quienes se quejan de la presión de ser políticamente correctos no quieren un trato igualitario.  En su lugar, quieren un tratamiento especial, como lo tenían en el pasado.  Y si ser un “milenial sensible” significa ser considerado con los sentimientos y la situación particular de otras personas, ¿debería importarnos realmente que nos digan que somos políticamente correctos?

Este artículo ha sido traducido por Carlos Moreno Ginés.