Feminismo

Feminismo – logros y desafíos

Feminismo – logros y desafíos

El feminismo es un movimiento global destinado a promover los derechos de las mujeres. Tiene una larga y compleja historia, con grandes y pequeños logros en cada país y región. En esta primera parte de la miniserie sobre feminismo, hablamos sobre estos logros, pero también arrojamos luz sobre los desafíos que todavía existen.

Derechos fundamentales

Uno de los logros más importante y famoso del movimiento feminista es el derecho al voto y a ocupar cargos públicos. Muy reconocidas son las sufragistas que lucharon por estos derechos en Irlanda, el Reino Unido y los EE.UU. Sin embargo, fue Nueva Zelanda quien concedió por primera vez el derecho al voto y la ocupación de cargos públicos a las mujeres en 1893. Otros países siguieron esta iniciativa poco después. En 2011, Arabia Saudí ha sido el último país en unirse a aquellos en los que las mujeres tienen estos derechos básicos garantizados. Hoy en día, sólo hay dos países que aún no los contemplan: Brunei, donde se niega a todos los ciudadanos el derecho a votar, y la Ciudad del Vaticano.

Construir su propia vida

Otro derecho fundamental que disfrutan las mujeres y las niñas gracias al empeño de las feministas es el derecho a la educación. Recibir una educación adecuada ha abierto muchas puertas a las mujeres y las ha empoderado para que puedan elegir el tipo de vida que quieren vivir. Las niñas que han recibido educación son menos propensas a ser víctimas de violencia doméstica, violencia sexual y a contraer matrimonio infantil. Además, las mujeres instruidas tienen mayores posibilidades de escapar de la pobreza, llevan vidas más saludables y productivas, y además son capaces de proporcionar un nivel de vida más alto a sus hijos, a su familia y a su comunidad.

Una educación adecuada es increíblemente beneficiosa para las niñas, sin embargo, su impacto va mucho más allá. Las madres que han recibido educación están mucho más predispuestas a ofrecer esa misma oportunidad a sus hijos. Por lo general, también tienen menos hijos, lo que les permite dedicarles más recursos. Y además sus hijos suelen crecer más saludables.

Por otro lado, y a pesar del incremento de la tasa de escolarización infantil, sigue habiendo 130 millones de niñas en todo el mundo que no tienen acceso a la educación. El género, que no parece desempeñar un papel crucial en la educación primaria, se convierte en un factor decisivo a la hora de acceder a la educación secundaria y superior para muchas de estas niñas. Además, cada vez que la educación se ve interrumpida por conflictos sociales, políticos o económicos, o incluso por contraer matrimonio de forma precoz, las niñas tienen muchas menos posibilidades que los niños de volver a la escuela.

Derechos sexuales y reproductivos

Cuántos niños y mujeres habrán sufrido un impacto significativo en su salud y bienestar, así como en su situación social y económica por estas causas. Si bien hay que reconocer la labor de la comunidad científica por haber proporcionado medidas para el control de la natalidad y el aborto, las mujeres no tendrían derecho a beneficiarse de éstas si no hubiera sido por las feministas. Al establecer el derecho de control de la natalidad, la educación sexual y el aborto, el feminismo ha dado a las mujeres el poder de decidir sobre su propio futuro. De hecho, los logros del feminismo en términos de derechos sexuales y reproductivos van más allá de la planificación familiar. Hace apenas unas décadas, los casos de agresión sexual y violación eran inexistentes porque las mujeres eran consideradas como una propiedad más, no tenían derechos. Los esfuerzos del movimiento feminista para visibilizar y condenar la violación de mujeres permitieron acuñar el término de agresión sexual alrededor de la década de 1970. En la actualidad, la mayoría de los países definen los actos sexuales coaccionados como violación. A excepción de Arabia Saudí y Yemen, el resto de países definen el sexo con niños como violación porque estos no pueden dar su consentimiento.

Al crear el concepto de agresión sexual, el feminismo estableció el derecho a la integridad corporal, el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo. Este fue un gran paso adelante, ya que el preconcepto común solía ser que las mujeres provocaban a los hombres para que tuvieran relaciones sexuales con ellas, simplemente por el mero hecho de estar en su presencia. Las mujeres solían ser vistas como una tentación para el sexo a la que los hombres no tenían forma de resistirse. Pero cada vez más, el comportamiento depredador de los hombres es visto como la causa del problema.

Más que un recipiente de vida

Al luchar por el acceso a los anticonceptivos, por establecer el concepto de agresión sexual y el derecho de las mujeres a la independencia corporal, las feministas lograron liberar a las mujeres de la carga que solía ser su función reproductiva. Cada vez se ve menos este único aspecto funcional -crear una nueva vida-, y son cada vez más vistas como personas plenas que deberían ser capaces de decidir por sí mismas qué hacer con sus vidas y si tienen o no hijos. Devolverles el control sobre su sexualidad y reproductividad les ha permitido asumir otros papeles además del de madres.

Estos avances no significan que el trabajo de las feministas por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres haya terminado. Innumerables mujeres en todo el mundo todavía son víctimas de abuso sexual y violencia, y luchan por poder decidir sobre su propio cuerpo. En Estados Unidos, por ejemplo, 1 de cada 6 mujeres ha sufrido violación (intento y/o completada), y alguien es agredido sexualmente cada 92 segundos. En Europa, 1 de cada 20 mujeres ha sufrido una violación a partir de los 15 años; todos los países tienen leyes que criminalizan las relaciones sexuales forzadas, pero sólo 8 definen el sexo sin consentimiento como violación.

Por otro lado, todavía hay muchos lugares en los que las mujeres no tienen acceso a medidas anticonceptivas ni pueden abortar, donde la maternidad no es tanto una elección como algo que simplemente sucede. 214 millones de mujeres en edad reproductiva en los países en vías de desarrollo que querrían evitar quedarse embarazadas no utilizan métodos anticonceptivos modernos debido a las escasas opciones, el acceso limitado, la oposición cultural y religiosa, y las barreras basadas en el género. 

El desafío de ser verdaderamente inclusivo

Si bien el feminismo ha conseguido muchos logros, también ha sido muy criticado por no ser del todo inclusivo, y tener en cuenta solamente la perspectiva femenina blanca de género cis (cisexual: persona que se encuentra cómoda con el sexo con el que nació). El feminismo no tenía en cuenta hasta ahora la situación de las mujeres de etnia negra, de países no occidentales y las mujeres con capacidades inferiores, de bajos ingresos y LGTBI. Estas mujeres a menudo eran excluidas de los movimientos de protesta feminista y no se beneficiaban directamente de los logros conseguidos por las feministas.

Si bien el feminismo ha conseguido criminalizar la violencia contra las mujeres, no ha logrado proteger a las mujeres trans (transexuales: persona cuya identidad de género es “la contraria” entendiéndolo desde el punto de vista del binarismo de género). Estas mujeres todavía están más expuestas a sufrir violencia e intimidación. De hecho, la esperanza de vida de una mujer trans es sustancialmente menor debido a la amenaza de ser asesinada. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que las mujeres trans de etnia negra viven solo 35 años; la esperanza de vida es de 78 años en el caso de mujeres cis.

Si bien somos cada vez más conscientes de la independencia de las mujeres y promovemos la positividad corporal, los cuerpos de las mujeres de etnia negra todavía se ven a menudo como diferentes o exóticos. También las mujeres musulmanas sufren esta cruzada sobre la sexualización. Muchas han sido obligadas a dejar el hijab, sin ni siquiera preguntarles o considerar si quieren usarlo.

Más que solo género

Para ser realmente inclusivo, el feminismo debe reconocer que el género no es la única razón de discriminación contra las mujeres. Este es solo un factor que interactúa con otras formas de discriminación, como la edad, el estado socioeconómico, la capacidad mental, la capacidad física, la identidad sexual, la religión y el origen étnico. Por ejemplo, una mujer negra en América del Norte o Europa probablemente experimentará discriminación basada en el sexismo, así como en el racismo.

Además, el feminismo debería reconocer que las experiencias y dificultades de las mujeres en el mundo son muy diferentes. Una mujer en la India se enfrenta de forma diversa a diferentes obstáculos y formas de opresión que una mujer en los Países Bajos, o una mujer de etnia negra en EE. UU. Experimentan situaciones sociales diferentes respecto a las mujeres blancas, incluso si viven en el mismo país. Diferentes grupos de edad también tienen diferentes experiencias. En resumen, cada factor individual discriminatorio acaba sumiendo a la mujer en una situación de desigualdad respecto al hombre, y es crucial para cualquier movimiento de igualdad reconocer esto.

Si bien las mujeres son probablemente el grupo discriminado más grande del mundo, también debemos reconocer que no son el único grupo que se enfrenta a la discriminación. Por ejemplo, mientras que las mujeres en Estados Unidos obtuvieron el derecho al voto en 1920, las minorías raciales, independientemente de su género, no lo recibieron hasta 1965. Y aunque Canadá otorgó a las mujeres el derecho al voto en 1917, las mujeres indias canadienses obtuvieron el mismo derecho solo en 1960. Lo mismo ocurre con Australia y Sudáfrica, donde los aborígenes y los ciudadanos de etnia negra obtuvieron su derecho al voto solo décadas después de que la población blanca lo consiguiera.

Claramente, el género es solo uno de los muchos factores en base a los cuales las personas experimentan discriminación. El verdadero feminismo lucha por conseguir sociedades inclusivas en las que todos tengan los mismos derechos y oportunidades, independientemente de factores como el género, la orientación sexual, el origen étnico o el nivel socioeconómico.

No es un concurso

El feminismo debe tener en cuenta las diferencias entre grupos sociales, especialmente a los más vulnerables. Sin embargo, debe evitar a toda costa el victimismo. En realidad, el feminismo busca el reconocimiento de todos, con nuestras diferencias y similitudes, y así trabajar juntos hacia una sociedad más igualitaria. Porque la verdadera igualdad no deja a nadie atrás.

Este artículo ha sido traducido por Abigail Moreno Ginés

Publicado por Chantal Verdonschot en Actualidad, Feminismo