Actualidad

La revolución de la moda: ¿quién fabrica tu ropa?

La revolución de la moda: ¿quién fabrica tu ropa?

El 24 de abril de 2013, una fábrica gigante que producía ropa en Daka, Bangladesh, se derrumbó debido a las condiciones estructurales extremadamente deficientes del edificio y la gran multitud de trabajadores que se encontraban en él. Más de 1100 personas murieron y casi 2400 resultaron heridas. A pesar de la aparición de grietas unas semanas antes de la catástrofe, no se tomaron las medidas necesarias.

Malas condiciones de trabajo y preocupaciones medioambientales

El desastre en la fábrica de Rana Plaza de Bangladesh es solo un caso de los pocos que acaban apareciendo en los medios de comunicación. Los incendios en fábricas textiles son mucho más frecuentes de lo que imaginamos. Esto es debido al uso de materiales inflamables y la falta de medidas de seguridad para sus trabajadores. Entre ellas, la ausencia de protección contra los gases tóxicos y el riesgo de sordera.

A pesar del peligro que representa el lugar de trabajo para muchos empleados, no se han llevado a cabo grandes medidas de mejora en los últimos años. Además, cada vez que los trabajadores deciden ponerse en huelga, se enfrentan a la represión de sus jefes. Y si finalmente consiguen convocarla, existe un altísimo riesgo de perder su empleo debido a la ausencia de derechos laborales y de sindicatos que apoyen la causa.

Después de este escándalo en Bangladesh, algunas empresas textiles internacionales han reaccionado a las grandes presiones sociales, políticas y económicas para que produzcan de forma más sostenible trasladando parte de las fábricas a países occidentales. 

El desafío no acaba ahí. En países como Bulgaria, se han denunciado las condiciones de trabajo en fábricas textiles, en las que se reciben sueldos bajos y un control casi robótico del trabajo diario. 

La industria de la moda es una de las más globalizadas y contaminantes del planeta. En 2015, por ejemplo, la industria de la moda produjo la friolera de 15,2 billones de toneladas de CO2. Además, los productos químicos que se utilizan para procesar el algodón y otras fibras, terminan a menudo contaminando el medioambiente. Y por si no lo sabíais, se necesitan 2720 litros de agua para hacer una camiseta, que es lo que normalmente bebe una persona en 3 años. Es una verdad incómoda para quienes aman la moda y para quienes obtienen ganancias de ella, y una gran preocupación para quienes están comprometidos con el concepto de moda sostenible. 

La revolución de la moda – Fashion Revolution

La historia sobre la fábrica de Bangladesh que se derrumbó fue noticia a nivel mundial y destapó los enormes problemas que acarrea el consumo constante de moda rápida. Desencadenó una «revolución de la moda» por los llamados «manifestantes pro-moda». Carry Somers, la diseñadora de moda británica y fuerza impulsora detrás del movimiento Fashion Revolution, no podía soportar más esta situación. Había que hacer algo. Fue entonces cuando declaró el 24 de abril como Día de la revolución de la moda o Fashion Revolution Day, promoviendo una industria de la moda más ética, así como revisando los logros y objetivos del movimiento anualmente.

El movimiento Fashion Revolution no ha sido creado por unos consumidores contrarios a la industria, sino que pretende ser una revolución interna. El objetivo que persigue es involucrar tanto a consumidores como a trabajadores de este sector para que todos seamos más conscientes del impacto medioambiental que tiene la ropa que compramos. 

Los activistas pro-moda utilizan un enfoque basado en soluciones, centrándose en la investigación y la creatividad en lugar de la victimización o el boicot. Los dos ejes que coordinan esta revolución desde el Reino Unido son el caritativo, de la mano de la Fashion Revolution Foundation, y la empresa social sin ánimo de lucro, Fashion Revolution CIC. Las oficinas de la Fashion Revolution de cada país participante ponen en marcha las actividades nacionales en estrecha colaboración con el equipo de Coordinación Global. De esta forma, cada Coordinador Nacional toma en consideración un gran número de iniciativas y, en cooperación con las partes interesadas nacionales y muchos otros voluntarios que apoyan la semana de la revolución de la moda, maximizan el impacto de la estrategia regional y global. 

Hasta ahora, la campaña #whomademyclothes (#quienhizomiropa) ha tenido un gran éxito. En 2018, 3838 marcas y minoristas compartieron información sobre sus proveedores e imágenes de sus trabajadores con el hashtag #imadeyourclothes (#yohiceturopa) a través de las redes sociales. Además, la Revolución de la Moda ha logrado involucrar a 275 millones de personas en todo el mundo, tanto a través de las redes sociales como en eventos. Numerosos influencers y celebridades se han unido al movimiento para compartir sus puntos de vista.

#whomademyclothes

A medida que los consumidores son más conscientes del impacto humano y medioambiental de la moda, la demanda de ropa sostenible crece. Marcas, fabricantes, minoristas, medios de comunicación, escuelas y otros actores se están uniendo a la causa a través de la educación, la investigación y diferentes tipos de campañas. El objetivo es alcanzar un equilibrio entre los beneficios económicos, unas condiciones de trabajo justas y unos métodos de producción sostenibles. 

Durante la Semana de la Moda anual, se anima a los consumidores a pedir transparencia en los procesos de fabricación a sus marcas de moda preferidas, etiquetándolas en publicaciones en redes sociales con el hashtag #whomademyclothes o #quienhizomiropa. Los fabricantes y minoristas deben responder con información concreta y precisa, utilizando el hashtag #imadeyourclothes. 

Incluso algunos Youtubers inspirados por este movimiento han empezado su propia tendencia. Bajo el hashtag #haulternative, presentan sus últimas adquisiciones de ropa de segunda mano, reutilizadas o compradas a una marca sostenible.

Marcas y colecciones sostenibles

En respuesta al impacto negativo que representa la moda “rápida”, están surgiendo nuevas marcas sostenibles. Su ciclo de producción funciona de la siguiente forma: se lanza una nueva colección, se vende toda la ropa, y sólo entonces se desarrolla y produce una nueva colección en función de la demanda. Este ciclo de producción disminuye el número de prendas sin vender y añade un toque de exclusividad a la marca; sólo ciertos clientes usarán su ropa gracias a la estrategia de lanzar ediciones limitadas.

Sostenibilidad engañosa

Mientras que algunas empresas hacen mejoras genuinas en sus métodos de fabricación, otras tratan de aprovechar el nuevo interés en los productos sostenibles. ¿Cómo? Algunas marcas, piden a sus consumidores que traigan su ropa vieja a cambio de un descuento en su próxima compra. Una genialidad, ¿verdad? La ropa usada y demás textiles se recogen y se utilizan para la producción de ropa nueva. No hay necesidad de fabricar nuevos materiales, ya que estos se pueden tomar de tu jersey, sábanas o vaqueros usados. Esto debería significar una reducción de recursos y la reutilización del material ya en uso para ser vendido una vez más a los clientes en forma de innovadoras colecciones. 

Si bien esto suena muy bien, no resuelve el problema de un mercado de la moda desbordado. Gran parte de esta ropa que desechamos para reciclar nunca llega a ser reutilizada. Si comprobamos la etiqueta de estas nuevas colecciones que son presumiblemente sostenibles, ¿están hechas enteramente de ropa reciclada?,  ¿muestran el porcentaje de material orgánico empleado? ¿Está mezclado con otros materiales?

En realidad, la llamada reutilización de la ropa usada es en algunas ocasiones un ejemplo de «eco-blanqueo» o greenwashing de la industria de la moda. Esto sucede cuando las empresas pretenden ser sostenibles y mostrar su preocupación por el medio ambiente con el único objetivo de aumentar sus ventas.  El descuento que recibes en algunas tiendas cuando entregas ropa usada, por ejemplo, es un incentivo destinado a fidelizarte como cliente y conseguir que vuelvas para comprar en su tienda.

Cómo cambiar el ritmo de la moda

Todos somos conscientes del impacto que la moda tiene en la vida de las personas y en el medioambiente. Entonces, ¿cómo podemos marcar la diferencia? Estos son algunos pasos simples y eficaces (Consciencia, Consecuencia y Cambio) para ayudarte a adoptar un consumo de moda sostenible, sin renunciar a las últimas tendencias.  

Comienza con tu armario – Sé consciente:

  • 1. Vacía el armario. Sí, sácalo todo. 
  • 2. Comienza con la temporada actual. Pruébate toda la ropa y valora qué tal te sientan las diferentes prendas.
  • 3. Comprueba el «made in…» de la etiqueta de tu ropa.
  • 4. ¿Cuántas prendas han sido fabricadas en países occidentales? ¿Y en países en vías de desarrollo?

Al comprar – Sé consecuente:

  • 1. Comprueba la etiqueta. ¿Dónde han sido fabricadas?
  • 2. ¿Se fabricaron en países en vías de desarrollo?
  • 3. Consulta las tiendas online de tus marcas favoritas. ¿Tienen una colección sostenible hecha de material reciclado o biológico? Y los productos ¿se fabrican en condiciones laborales justas para sus trabajadores? 
  • 4. Lleva siempre contigo la lista de la compra y tu propia bolsa. 
  • 5. Compra solo lo que realmente necesitas y apuesta por prendas atemporales que sabes que acabarás utilizando durante mucho tiempo.

Encontrar una alternativa – Cambia:

  • 1. La concienciación es clave: aprende más sobre quién hizo tu ropa.
  • 2. Consume conscientemente: aplica las cuatro erres (rechazar, reducir, reutilizar y reciclar) antes de comprar prendas nuevas.
  • 3. Compra de segunda mano: utilizar prendas que ya se encuentran en el mercado disminuye la demanda de nuevos artículos e impide que ropa en buen estado termine en vertederos.
  • 4. Elije marcas justas y sostenibles.

Si deseas profundizar en tus conocimientos en estos aspectos y convertirte en un verdadero revolucionario de moda, consulta la guía de la Revolución de la Moda.

El mundo necesita a más revolucionarios de la moda como tú. Sé curioso. Descubre. Y actúa.

¿Quieres aprender más sobre cómo disminuir tu huella medioambiental? Echa un vistazo a los artículos sobre el Movimiento Cero Residuos” y la “Guía de la ONU para perezosos que quieren salvar el mundo”.

Publicado por Abigail Moreno Ginés en Actualidad
Feminismo – logros y desafíos

Feminismo – logros y desafíos

El feminismo es un movimiento global destinado a promover los derechos de las mujeres. Tiene una larga y compleja historia, con grandes y pequeños logros en cada país y región. En esta primera parte de la miniserie sobre feminismo, hablamos sobre estos logros, pero también arrojamos luz sobre los desafíos que todavía existen.

Derechos fundamentales

Uno de los logros más importante y famoso del movimiento feminista es el derecho al voto y a ocupar cargos públicos. Muy reconocidas son las sufragistas que lucharon por estos derechos en Irlanda, el Reino Unido y los EE.UU. Sin embargo, fue Nueva Zelanda quien concedió por primera vez el derecho al voto y la ocupación de cargos públicos a las mujeres en 1893. Otros países siguieron esta iniciativa poco después. En 2011, Arabia Saudí ha sido el último país en unirse a aquellos en los que las mujeres tienen estos derechos básicos garantizados. Hoy en día, sólo hay dos países que aún no los contemplan: Brunei, donde se niega a todos los ciudadanos el derecho a votar, y la Ciudad del Vaticano.

Construir su propia vida

Otro derecho fundamental que disfrutan las mujeres y las niñas gracias al empeño de las feministas es el derecho a la educación. Recibir una educación adecuada ha abierto muchas puertas a las mujeres y las ha empoderado para que puedan elegir el tipo de vida que quieren vivir. Las niñas que han recibido educación son menos propensas a ser víctimas de violencia doméstica, violencia sexual y a contraer matrimonio infantil. Además, las mujeres instruidas tienen mayores posibilidades de escapar de la pobreza, llevan vidas más saludables y productivas, y además son capaces de proporcionar un nivel de vida más alto a sus hijos, a su familia y a su comunidad.

Una educación adecuada es increíblemente beneficiosa para las niñas, sin embargo, su impacto va mucho más allá. Las madres que han recibido educación están mucho más predispuestas a ofrecer esa misma oportunidad a sus hijos. Por lo general, también tienen menos hijos, lo que les permite dedicarles más recursos. Y además sus hijos suelen crecer más saludables.

Por otro lado, y a pesar del incremento de la tasa de escolarización infantil, sigue habiendo 130 millones de niñas en todo el mundo que no tienen acceso a la educación. El género, que no parece desempeñar un papel crucial en la educación primaria, se convierte en un factor decisivo a la hora de acceder a la educación secundaria y superior para muchas de estas niñas. Además, cada vez que la educación se ve interrumpida por conflictos sociales, políticos o económicos, o incluso por contraer matrimonio de forma precoz, las niñas tienen muchas menos posibilidades que los niños de volver a la escuela.

Derechos sexuales y reproductivos

Cuántos niños y mujeres habrán sufrido un impacto significativo en su salud y bienestar, así como en su situación social y económica por estas causas. Si bien hay que reconocer la labor de la comunidad científica por haber proporcionado medidas para el control de la natalidad y el aborto, las mujeres no tendrían derecho a beneficiarse de éstas si no hubiera sido por las feministas. Al establecer el derecho de control de la natalidad, la educación sexual y el aborto, el feminismo ha dado a las mujeres el poder de decidir sobre su propio futuro. De hecho, los logros del feminismo en términos de derechos sexuales y reproductivos van más allá de la planificación familiar. Hace apenas unas décadas, los casos de agresión sexual y violación eran inexistentes porque las mujeres eran consideradas como una propiedad más, no tenían derechos. Los esfuerzos del movimiento feminista para visibilizar y condenar la violación de mujeres permitieron acuñar el término de agresión sexual alrededor de la década de 1970. En la actualidad, la mayoría de los países definen los actos sexuales coaccionados como violación. A excepción de Arabia Saudí y Yemen, el resto de países definen el sexo con niños como violación porque estos no pueden dar su consentimiento.

Al crear el concepto de agresión sexual, el feminismo estableció el derecho a la integridad corporal, el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo. Este fue un gran paso adelante, ya que el preconcepto común solía ser que las mujeres provocaban a los hombres para que tuvieran relaciones sexuales con ellas, simplemente por el mero hecho de estar en su presencia. Las mujeres solían ser vistas como una tentación para el sexo a la que los hombres no tenían forma de resistirse. Pero cada vez más, el comportamiento depredador de los hombres es visto como la causa del problema.

Más que un recipiente de vida

Al luchar por el acceso a los anticonceptivos, por establecer el concepto de agresión sexual y el derecho de las mujeres a la independencia corporal, las feministas lograron liberar a las mujeres de la carga que solía ser su función reproductiva. Cada vez se ve menos este único aspecto funcional -crear una nueva vida-, y son cada vez más vistas como personas plenas que deberían ser capaces de decidir por sí mismas qué hacer con sus vidas y si tienen o no hijos. Devolverles el control sobre su sexualidad y reproductividad les ha permitido asumir otros papeles además del de madres.

Estos avances no significan que el trabajo de las feministas por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres haya terminado. Innumerables mujeres en todo el mundo todavía son víctimas de abuso sexual y violencia, y luchan por poder decidir sobre su propio cuerpo. En Estados Unidos, por ejemplo, 1 de cada 6 mujeres ha sufrido violación (intento y/o completada), y alguien es agredido sexualmente cada 92 segundos. En Europa, 1 de cada 20 mujeres ha sufrido una violación a partir de los 15 años; todos los países tienen leyes que criminalizan las relaciones sexuales forzadas, pero sólo 8 definen el sexo sin consentimiento como violación.

Por otro lado, todavía hay muchos lugares en los que las mujeres no tienen acceso a medidas anticonceptivas ni pueden abortar, donde la maternidad no es tanto una elección como algo que simplemente sucede. 214 millones de mujeres en edad reproductiva en los países en vías de desarrollo que querrían evitar quedarse embarazadas no utilizan métodos anticonceptivos modernos debido a las escasas opciones, el acceso limitado, la oposición cultural y religiosa, y las barreras basadas en el género. 

El desafío de ser verdaderamente inclusivo

Si bien el feminismo ha conseguido muchos logros, también ha sido muy criticado por no ser del todo inclusivo, y tener en cuenta solamente la perspectiva femenina blanca de género cis (cisexual: persona que se encuentra cómoda con el sexo con el que nació). El feminismo no tenía en cuenta hasta ahora la situación de las mujeres de etnia negra, de países no occidentales y las mujeres con capacidades inferiores, de bajos ingresos y LGTBI. Estas mujeres a menudo eran excluidas de los movimientos de protesta feminista y no se beneficiaban directamente de los logros conseguidos por las feministas.

Si bien el feminismo ha conseguido criminalizar la violencia contra las mujeres, no ha logrado proteger a las mujeres trans (transexuales: persona cuya identidad de género es “la contraria” entendiéndolo desde el punto de vista del binarismo de género). Estas mujeres todavía están más expuestas a sufrir violencia e intimidación. De hecho, la esperanza de vida de una mujer trans es sustancialmente menor debido a la amenaza de ser asesinada. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que las mujeres trans de etnia negra viven solo 35 años; la esperanza de vida es de 78 años en el caso de mujeres cis.

Si bien somos cada vez más conscientes de la independencia de las mujeres y promovemos la positividad corporal, los cuerpos de las mujeres de etnia negra todavía se ven a menudo como diferentes o exóticos. También las mujeres musulmanas sufren esta cruzada sobre la sexualización. Muchas han sido obligadas a dejar el hijab, sin ni siquiera preguntarles o considerar si quieren usarlo.

Más que solo género

Para ser realmente inclusivo, el feminismo debe reconocer que el género no es la única razón de discriminación contra las mujeres. Este es solo un factor que interactúa con otras formas de discriminación, como la edad, el estado socioeconómico, la capacidad mental, la capacidad física, la identidad sexual, la religión y el origen étnico. Por ejemplo, una mujer negra en América del Norte o Europa probablemente experimentará discriminación basada en el sexismo, así como en el racismo.

Además, el feminismo debería reconocer que las experiencias y dificultades de las mujeres en el mundo son muy diferentes. Una mujer en la India se enfrenta de forma diversa a diferentes obstáculos y formas de opresión que una mujer en los Países Bajos, o una mujer de etnia negra en EE. UU. Experimentan situaciones sociales diferentes respecto a las mujeres blancas, incluso si viven en el mismo país. Diferentes grupos de edad también tienen diferentes experiencias. En resumen, cada factor individual discriminatorio acaba sumiendo a la mujer en una situación de desigualdad respecto al hombre, y es crucial para cualquier movimiento de igualdad reconocer esto.

Si bien las mujeres son probablemente el grupo discriminado más grande del mundo, también debemos reconocer que no son el único grupo que se enfrenta a la discriminación. Por ejemplo, mientras que las mujeres en Estados Unidos obtuvieron el derecho al voto en 1920, las minorías raciales, independientemente de su género, no lo recibieron hasta 1965. Y aunque Canadá otorgó a las mujeres el derecho al voto en 1917, las mujeres indias canadienses obtuvieron el mismo derecho solo en 1960. Lo mismo ocurre con Australia y Sudáfrica, donde los aborígenes y los ciudadanos de etnia negra obtuvieron su derecho al voto solo décadas después de que la población blanca lo consiguiera.

Claramente, el género es solo uno de los muchos factores en base a los cuales las personas experimentan discriminación. El verdadero feminismo lucha por conseguir sociedades inclusivas en las que todos tengan los mismos derechos y oportunidades, independientemente de factores como el género, la orientación sexual, el origen étnico o el nivel socioeconómico.

No es un concurso

El feminismo debe tener en cuenta las diferencias entre grupos sociales, especialmente a los más vulnerables. Sin embargo, debe evitar a toda costa el victimismo. En realidad, el feminismo busca el reconocimiento de todos, con nuestras diferencias y similitudes, y así trabajar juntos hacia una sociedad más igualitaria. Porque la verdadera igualdad no deja a nadie atrás.

Este artículo ha sido traducido por Abigail Moreno Ginés

Publicado por Chantal Verdonschot en Actualidad, Feminismo
Descenso de la tasa de natalidad, ¿problema o solución?

Descenso de la tasa de natalidad, ¿problema o solución?

Recientemente, el gobierno húngaro anunció que las mujeres que tenían cuatro o más hijos ya no tendrían que pagar impuestos sobre la renta.  Esta medida es la última de una serie de esfuerzos para detener el declive de las tasas de población.  Hungría no es el único país que lucha contra una población en descenso, un fenómeno presente en la mayor parte de los países.  ¿Qué están haciendo el resto de países para contrarrestar la disminución de la población?  ¿Funcionan este tipo de medidas?  Y, ¿es la disminución de la población es realmente un problema?

Medidas natalistas; una breve historia

Hacia finales de la década de 1960 se esperaba que la población de la Tierra alcanzaría los 16 mil millones en 2050. Sin embargo, hoy en día se espera que la población mundial sea de alrededor de 9 mil millones para entonces.  Dado que la tasa de natalidad de muchos países ha caído en las últimas décadas, este descenso ha sido considerado como una buena noticia.  Estaba ampliamente aceptado que el bienestar de los países y las familias estaba amenazado por tener muchos hijos.

Sin embargo, cuando las tasas de natalidad comenzaron a disminuir, se esperaba que se detuvieran en 2 hijos por mujer, manteniendo así los niveles de población.  En cambio, en muchos países, han seguido disminuyendo. En los Estados Unidos, por ejemplo, la tasa era de 1,8 hijos por mujer en 2016, y en Canadá era de 1,6 por mujer. En Europa, las mujeres tienen 1,6 hijos en general, con Francia (1,92) con la tasa más alta y España e Italia con la más baja (1,34). Singapur tiene una tasa de natalidad extremadamente baja, con solo 1,14 hijos por mujer.

Sin embargo, esto no significa que la población de la Tierra se esté reduciendo.  De hecho, en 2016, la tasa de natalidad promedio para todas las mujeres en el mundo fue de 2,46 niños, lo que significa que la población de la Tierra sigue creciendo.  Esta alta tasa de natalidad es en gran parte causada por las altas tasas de natalidad en el África subsahariana, de 4,85 hijos por mujer.  Si bien esta sigue siendo muy alta, representa una gran diferencia con respecto a 1960, cuando la tasa de natalidad era de 6,65 hijos por mujer.

Para los países que han visto caer las tasas de natalidad por debajo de 2 hijos por mujer, esto supone un nuevo foco de problemas.  A medida que las poblaciones se reducen, los gobiernos temen que esto cause estancamiento económico debido a una pérdida de productividad. Además, una disminución en los ingresos fiscales puede causar problemas en la financiación de los programas de jubilación y atención médica.

El enfoque anti-migratorio de Hungría

Si bien la mayoría de los países europeos están compensando la disminución del crecimiento de su población aceptando inmigrantes, Hungría se opone firmemente a esa solución.  En su lugar, está tratando de aumentar su tasa de natalidad. ¿Cómo? Actualmente, las mujeres húngaras tienen un promedio de 1,45 hijos, lo que no es suficiente para mantener el tamaño de la población.  Además, ahora que Hungría es parte de la Unión Europea (UE), los húngaros tienen libertad para trabajar en otros países, y muchos se han ido a países de la UE donde los salarios son más altos. La disminución de la tasa de natalidad y el aumento de la emigración provocan una disminución de la población y un aumento de la escasez de mano de obra.

En febrero de 2019, Hungría anunció un nuevo conjunto de medidas para contrarrestar la baja tasa de natalidad de los húngaros. El enfoque húngaro consiste en reducir el coste de la vida para las familias grandes.  Se reducirá el interés en las hipotecas y los pagos de automóviles para las familias, y será más fácil para ellas obtener préstamos.  Se aumentará el número de guarderías para ayudar a las madres con la conciliación familiar.  También proponen beneficios para los abuelos.  Ahora se les permite compartir la licencia de maternidad con sus hijas. Pero lo más importante, y también lo más polémico, las mujeres húngaras con cuatro o más hijos ya no pagarán el impuesto sobre la renta.

En un discurso para anunciar estas nuevas medidas, el presidente de Hungría, Victor Orbán, dijo que Hungría «vive en tiempos en que cada vez nacen menos niños en toda Europa».  Mientras que otros países europeos responden a este nuevo desafío con la inmigración, «los húngaros ven esta situación desde una perspectiva distinta».  Según Orbán, Hungría no necesita números, sino más niños húngaros.  Además, Orbán dijo que depender de la migración para mantener el tamaño actual de la población sería rendirse y no quiere que el «color de los húngaros se mezcle con los de otros».

Estas no son las primeras medidas que Hungría ha tomado para salvarse de los peligros de una población en declive.  También ha otorgado becas universitarias a aquellos húngaros que prometieran permanecer en Hungría después de graduarse y ha ofrecido la ciudadanía a los húngaros que viven fuera de Hungría para motivarlos a volver.  Además, recientemente Hungría ha aprobado una ley que aumenta la cantidad de horas extraordinarias que las empresas pueden solicitar a sus trabajadores para compensar la importante escasez de personal.  La ley, que ahora se llama «ley de esclavos» y que ha sido ampliamente criticada, dicta que ahora es posible pedir a los empleados que trabajen hasta 400 horas extras al año.

La ironía de las medidas de control de natalidad en China

Solo unos pocos años después de acabar con las políticas para limitar el número de hijos que tenían los ciudadanos chinos desde 1979, el gobierno chino está actualmente instando a las mujeres a tener más hijos. A medida que la tasa de natalidad del país se ha ido desplomando, se estima que China podría perder una fuerza de trabajo equivalente a 100 millones de personas entre 2020 y 2035, y otros 100 millones entre 2035 y 2050.

En 1979 se introdujo por primera vez la famosa ley del hijo único en China.  La ley encontró mucha resistencia, especialmente en las zonas rurales.  En 1984 se permitió a las familias de estas zonas cuyo primer hijo fuese una niña tener un segundo hijo, y también se hicieron algunas excepciones para las minorías.  En 2013, los padres que solo tuvieran un hijo podían tener un segundo.  En 2016 se eliminó por completo la prohibición.

Si bien se podría esperar que la tasa de natalidad aumentara rápidamente después del levantamiento de la prohibición, décadas de política del hijo único ahora están mostrando sus implicaciones.  Por un lado, estas restricciones llevaron a un equilibrio desigual de género, ya que la preferencia tradicional por los niños varones llevó a abortos ilegales de fetos femeninos.  Irónicamente, la menor proporción de mujeres es ahora una de las razones de la baja tasa de natalidad en China.  Simplemente hay menos mujeres para casarse y tener hijos.  Además, como generaciones enteras han crecido como hijos únicos, muchos chinos consideran normal tener un solo hijo.  Está siendo difícil cambiar esta mentalidad.  Además, mientras que el coste de la educación y la vivienda ha aumentado, los adultos chinos suelen ser las únicas personas que pueden cuidar de sus padres, lo que genera una presión económica y social adicional para las familias jóvenes.  Y a medida que surge una nueva generación de mujeres trabajadoras independientes, la tasa de divorcio también aumenta.

China está tomando medidas para detener la caída de la tasa de natalidad.  En 2018, se propusieron leyes para otorgar exenciones fiscales a las familias jóvenes y subsidios para vivienda y educación. Algunas regiones como la provincia de Jiangxi incluso están endureciendo las leyes para el aborto y dificultan el divorcio.  Esto acarrea el riesgo de que China caiga de un extremo (no permitir que las familias tengan más de uno o dos hijos) al otro.

Enfoques más creativos

Mientras que algunos países toman medidas tradicionales para aumentar las tasas de natalidad, otros adoptan un enfoque más creativo.  En Georgia, por ejemplo, todos los hombres y mujeres solteros, incluidos aquellos que están divorciados o que han perdido un cónyuge, ingresan en una página web nacional de citas.

Dinamarca adoptó un enfoque específicamente creativo.  En 2014, lanzó una campaña publicitaria que instaba a los daneses a «hacerlo por Dinamarca«. Las personas pueden reservar unas vacaciones usando un «descuento de ovulación».  Si pudieran probar que concibieron un hijo en vacaciones, ganarían tres años de productos para bebé y unas vacaciones para toda la familia.  En 2015, los futuros abuelos podrían incluso comprar vacaciones para sus hijos adultos con la esperanza de que concibieran un hijo durante las vacaciones.

Otro ejemplo es Singapur, que tiene una tasa de natalidad sorprendentemente baja de solo 1,14 hijos por mujer.  En 2012, las autoridades de Singapur trabajaron con Mentos con el fin de organizar la «Noche Nacional» para alentar a las parejas a dejar que su «patriotismo» explotara.  Se hizo incluso un rap: «la población de Singapur, necesita que aumente.  Así que, olvídate de ondear banderas, el 9 de agosto nos volveremos locos … Soy un esposo patriótico, tú eres mi esposa patriótica, hagamos nuestro deber cívico y fabriquemos vida«.

Rusia experimentó una fuerte disminución de la población después de la caída de la Unión Soviética.  En 2007 decidió hacer algo al respecto.  Declaró el 12 de septiembre como el Día Nacional de la Concepción y otorgó premios tales como refrigeradores, dinero y autos a mujeres que tuvieran un bebé exactamente nueve meses después del día nacional de Rusia, el 12 de junio.  La medida parece haber funcionado.  Mientras que la tasa de natalidad fue de 1,2 en 2000, en 2012 fue de 1,7.

Rumanía: un enfoque más duro

Rumanía adoptó un enfoque menos alegre en los años sesenta.  En lugar de ofrecer beneficios a las familias, Rumania optó por multar a los hombres o mujeres mayores de 25 años que no tuvieran hijos.  Este impuesto era independiente del estado civil y podía ascender hasta el 20 por ciento de sus ingresos.  Además, se hizo prácticamente imposible divorciarse, la policía estuvo activa en los hospitales para asegurarse de que no se realizaran abortos ilegales y se detuvo la importación de anticonceptivos.  Si bien estas medidas fueron efectivas, el efecto se perdió tan pronto como la policía abandonó los hospitales.

En los años 80, se tomaron medidas aún más estrictas durante el régimen de Nicolae Ceausescu.  Las mujeres fueron sometidas a exámenes ginecológicos mensuales para detectar embarazos y asegurar que llegasen a término.  Las «unidades de comando demográfico» interrogarían a las personas y parejas sin hijos sobre sus vidas sexuales, y el acceso al aborto se hizo aún más difícil.  Para tener acceso a un aborto, una mujer tenía que haber tenido cinco hijos que todavía estuvieran bajo su cuidado, o tenía que ser mayor de 45 años.

¿Las medidas de fertilidad realmente funcionan?

Si bien muchos países están tomando medidas para aumentar la tasa de natalidad de su población, el éxito de tales medidas a menudo no está claro.  Hasta la fecha, parece que el apoyo financiero o las vacaciones pagadas tienen un impacto positivo, pero limitado, en las tasas de natalidad.  La evidencia sugiere que la medida más efectiva que pueden tomar los gobiernos es brindar servicios de cuidado infantil de calidad.

Suecia ha tenido bastante éxito en sus medidas para aumentar la fertilidad. Aquí, las mujeres reciben mucho apoyo para ayudarlas a conciliar sus vidas como madres y como trabajadoras.  Por ejemplo, las guarderías están subvencionadas, y los padres que cuidan de sus hijos tienen garantizado su trabajo cuando regresen de la baja por paternidad.

En Francia, las familias reciben exenciones fiscales, sustanciosas ayudas económicas, asistencia social y subsidios de vivienda.  Los padres pueden tomar hasta tres años de permiso de paternidad, obtener durante ese tiempo un permiso de permanencia en el hogar por aproximadamente el 50% del salario mínimo y luego regresar a sus empleos en la misma posición.  El enfoque francés y sueco parece estar funcionando, ya que estos países tienen las dos tasas de natalidad más altas de la UE (1,92 y 1,85 niños por mujer, respectivamente).

Sin embargo, medidas bastante similares han sido mucho menos exitosas en Alemania y Austria, donde las familias disfrutan de un aumento de la licencia familiar y reciben subsidios generales para niños durante tres o cuatro años después de la llegada de un nuevo bebé.  En lugar de aumentar las tasas de natalidad, estas medidas afectaron principalmente al momento de la maternidad.  Además, mientras que en Canadá se descubrió que un aumento en la asignación infantil de 1000 dólares canadienses al año llevaba a un aumento de la tasa de natalidad del 17%, este aumento era solo temporal y fue mas tarde compensado por un nuevo descenso.

Singapur, con una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo, ha desarrollado las políticas pro natalidad más completas de Asia.  A través de pagos en efectivo, planes de ahorro compartido, descuentos impositivos para madres trabajadoras, seguros para niños y subsidios de vivienda, las familias con dos hijos ahora pueden disfrutar de beneficios de alrededor de un total de 118,000 dolares americanos durante los 13 primeros años de vida de ambos niños. Además, los permisos de maternidad y paternidad han aumentado considerablemente, y el cuidado de niños está subvencionado.  Pero, de alguna manera, estas políticas no han tenido el efecto deseado.  En el año 2000, al inicio de las políticas de natalidad de Singapur, la tasa de natalidad era de 1,6 hijos por mujer.  En el 2018, solo de 1,14.

¿Qué hace que las medidas de fertilidad sean exitosas?

Determinar el éxito de las medidas de natalidad es extremadamente difícil debido a los muchos factores que influyen en la decisión de tener hijos.  Algunos ejemplos son la percepción de la maternidad y los roles de género.  En muchos países europeos, por ejemplo, en las últimas décadas, se ha presionado a las mujeres a combinar la maternidad con el trabajo.  El estatus de la mujer está cada vez más basado en su empleo y su éxito en «tenerlo todo».  Ahora se ha demostrado que es muy difícil convencer a las mujeres del valor y el estatus de la maternidad.

Otro factor es la percepción de prosperidad y pobreza de las personas.  Si bien las familias en Singapur están mucho mejor que hace unas pocas décadas, muchos singapurenses sienten que no lo están.  Esto les lleva a retrasar la paternidad e incluso optar por no tener hijos.

Tal vez, deberíamos reconsiderar el enfoque de las políticas de natalidad para dar a las familias opciones para que tomen sus propias decisiones.  Quizás deberíamos juzgar las políticas familiares por su éxito en hacer felices a las familias.  Después de todo, tener opciones para tener una gran familia es genial. Estar forzado a tener una gran familia no lo es.

¿La caída de las tasas de natalidad es realmente un problema?

Mientras muchos países en el mundo luchan contra la disminución de las tasas de natalidad, tal vez deberíamos preguntarnos si esto es realmente un problema.  Con el crecimiento de la presión ecológica y ambiental, el envejecimiento de la población y los patrones de migración, ¿es una población en crecimiento lo que realmente necesitamos?

Un argumento frecuente para explicar por qué la disminución de las tasas de natalidad es un problema es que necesitamos una gran población trabajadora para compensar el envejecimiento de la misma.  Después de todo, una fuerza laboral más pequeña significa menos contribuciones a la jubilación y los fondos sociales.  Sin embargo, aumentar el número de niños no ayudará a cuidar a una población que envejece. Se tardará aproximadamente 25 años para que estos niños crezcan y entren en la fuerza de trabajo.  Para entonces, la demografía habrá cambiado y el tamaño de la generación anterior será menor. Además, tener más hijos aumentará de inmediato el número de dependientes (niños y personas de la tercera edad), que dependen de la población trabajadora, lo que aumentará la carga familiar de la población activa actual.

Además, la tradicional idea de la necesidad de grandes poblaciones se basa en épocas anteriores en las que la salud pública era menos avanzada y los hombres jóvenes corrían el riesgo de ser reclutados para guerras sangrientas y costosas.  Hoy en día, tanto los niños como los adultos tienen muchas menos probabilidades de enfermar gravemente o morir antes de envejecer, y las guerras arrebatan menos vidas humanas.  Todo esto significa que, mientras que el número de bebés recién nacidos disminuye, la población adulta aumenta.

Otro argumento que se escucha a menudo es que cuando la población se hace más pequeña, también lo hace la productividad económica y, con ello, nuestro bienestar.  Sin embargo, debido a la inteligencia artificial, las grandes poblaciones trabajadoras ya no son esenciales para ser económicamente productivas.  Debido al importante papel que la tecnología tiene ahora en la producción, las economías futuras aún podrán ser productivas, incluso con poblaciones trabajadoras más pequeñas.  Además, a medida que la población disminuya, habrá más recursos por persona, lo que significa que el bienestar económico aumentará.

Asimismo, a medida que se intensifiquen los patrones de migración, las nuevas afluencias de migrantes pueden ayudar a resolver la escasez de mano de obra.  Como los migrantes a menudo tienen tasas de fertilidad más altas, esto podría incluso ayudar a aumentar las tasas de natalidad.

Finalmente, como nuestra huella ambiental y la población mundial siguen aumentando, la supervivencia de la raza humana podría depender de detener el aumento de la población. Es un hecho bien establecido que los humanos están causando el cambio climático y agotando los recursos de la Tierra. Existe un riesgo real de que, si no cambiamos, la naturaleza lo haga por nosotros.

De hecho, estar libre de niños es la forma más efectiva de disminuir nuestra huella ambiental.  Como las personas en los países desarrollados tienen una huella ecológica particularmente alta, deberíamos considerar si es realmente tan malo que las tasas de fertilidad esten disminuyendo.

Este artículo ha sido traducido por Carlos Moreno Ginés.

Publicado por Chantal Verdonschot en Actualidad